El siervo de Dios

Una sentencia favorable

In Favores, Magisterio, Magistrado, Testimonios on 06/09/2018 at 21:32

Desde Cantabria (España) nos llega la noticia de este nuevo favor de José María Haro:

“Soy profesora de la asignatura de Religión Católica en un Instituto de Secundaria de Cantabria; durante este curso la Consejería de Educación gobernada por el Partido Socialista Obrero Español, me ha reducido la jornada laboral de manera injusta, por lo que me he visto obligada a interponer la correspondiente demanda laboral ante los tribunales. Como quiera que desde el primer momento he estado pidiendo la intercesión del siervo de Dios José Mª Haro Salvador, y he conseguido una sentencia favorable en primera instancia, y ahora que he conseguido ganar el asunto ante la Sala de lo Social del Tribunal superior de Justicia de Cantabria, quiero reiterar desde aquí mi gratitud por la gracia concedida. Sé que la Consejería todavía puede interponer recurso de Casación para la unificación de doctrina, aunque no es demasiado probable, por lo que continuaré pidiendo su intercesión”.

L. A. S. (Cantabria)

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En la Escuela de Periodismo de Valencia

In ACdP, Escritos, Prensa, Valencia on 01/11/2018 at 18:42

Discurso de apertura del Curso 1961/1962*


 

[Una faceta hoy desconocida de la vida de José María Haro, es su relación con el periodismo, mundo al que se acercó a raíz de su militancia en los grupos estudiantiles de la Juventud Católica, de cuyo órgano de expresión en Valencia, Libertas, fue de hecho director. Colaborador asiduo en el Diario de Valencia y, más tarde, durante su corta estancia madrileña, en El Debate, sintió siempre un profundo interés por la prensa, cuyo servicio a la causa de la fe y al bien social no le pasó desapercibido. Muchos le recordarían luego, en sus años de Juez, rodilla en tierra, afanado en seleccionar, recortar y archivar cuidadosamente aquellas sábanas de papel de los periódicos de antaño, reflejo de su interés, nunca perdido, por la actualidad política, cultural y religiosa de la España en que le tocó vivir. Una tarea en la que, más tarde, también involucró a sus hijos. La puesta en marcha en 1959 de la Escuela de Periodismo de la Iglesia en Valencia, le abrió a Haro la posibilidad de implicarse aún más en la dignificación institucional de esta tarea, incorporándose a ella como Profesor de la materia de Sociología. Esta es la primera vez que se da a conocer este texto, cuyo original manuscrito se conserva en los fondos del Archivo Diocesano de Valencia, y que forma parte de una antología de escritos sociales de José Mª Haro de próxima aparición, con estudio introductorio nuestro y notas críticas.— Juan C. Valderrama]

 

1. «El programa, usando de aquello que llamó Mella “Dialéctica de los motes”[1], escribe para calificar mi intervención de esta tarde: “Discurso de apertura”… Pero ¡no temáis! Hay apertura, solemne y magnífica por vuestra presencia, Excmo. y Rvdmo. Sr.; por la vuestra Ilmos. y Rvdos. Sres. Y por la vuestra, queridos Maestros del periodismo y por la de nuestros alumnos antiguos y nuevos; pero no habrá discurso al modo clásico, sino una intervención “sin mote”, breve, sencilla, ojalá que útil.

Unas palabras, para que se cumpla el programa; para que el Director[2], este ángel tirano que nos rige, vea cumplido su deseo; para que este Acto tenga “la forma ritual” de una apertura de Curso.

¿Y por qué yo? Por razones corrientes en Sociología. Nuestro Director echó mano de Possumus[3], leyó en primera columna de la primera página algo que él mismo había redactado, y que en la tercera línea se dice: “Redacción: José Mª Haro”. Y ¡ya está!, se dijo. Volvía a cumplir una sencilla norma sociológica: ¡Que pase Haro! Él sabía que no me iba a negar, y lo sabía porque también él sabe obedecer.

Por otra parte, aunque movido de su afecto, el acto fue sociológicamente correcto. Porque aparte de la maestría y veteranía periodística de nuestro querido compañero en el Profesorado y amigo, D. José María Ibarra, me correspondía por norma social de antigüedad en el periodismo oficial, esta primera intervención del Profesorado de la Escuela.

 

2. Efectivamente, fui hace 34 años fundador de una modesta Escuela de Periodismo –ahora sí que vale la dialéctica del mote mellista–, nada menos que la primera, según nuestras noticias, en Valencia. Muy modesta, es verdad, pero real. ¿Me permitís que justifique esta afirmación y que quede así en la historia de esta Escuela su antecedente? Lo haré con brevedad.

Corría el invierno de 1926, y en la Asamblea de Estudiantes Católicos celebrada en Granada[4], Alberto Martín Artajo nos informó de la marcha que seguía la Escuela de Periodismo de El Debate, en la vieja casona de la Colegiata, 7 (Madrid)[5].

Presidía yo entonces la F.R.E.C. (Federación Regional Estudiantes Católicos), habían sido admitidos mis primeros artículos en Las Provincias y en el Diario de Valencia y queriendo hacer algo nuevo, planeé, con nuestro Consiliario –otro gran periodista nato, magnífico escritor con otras muchas virtudes entrañablemente recordadas, Don Antonio Justo[6]–, una réplica valenciana de aquellos Cursos.

Me envío don Antonio a su gran amigo y periodista, vocal de nuestro Consejo Federal Escolar y Director del Diario de Valencia, D. Luis Lucia, a quien ya conocía por su afecto a nuestra Federación y por mi asistencia con D. Antonio Justo y otros admirables amigos a un “Círculo de Estudios Sociales” que se celebraba en su propio despacho desde 1923[7]. Le expuse nuestra pretensión, pidiéndole su orientación y su ayuda. “Yo mismo la haré” nos dijo. Y así fue: en enero de 1927, comenzaba el primer cursillo con 12 alumnos en la ya no existente casa-hogar de nuestra Federación, calle del Mar nº 45.

Nacido para el Cielo (6 de agosto de 1965)

In Biografía, Fallecimiento, Familia, Vida de fe on 08/06/2017 at 10:30

Señor, ¡qué bien se está aquí!“… Mientras celebraba la Iglesia la Fiesta de la Transfiguración del Señor, moría en Valencia José Mª Haro tras una penosa enfermedad. Era el 6 de agosto de 1965. Cristo, que a punto de abrazar la Cruz, quiso adelantar a sus discípulos la visión de su Gloria en el Tabor, también a él quiso mostrársela previo paso por el Gólgota de su agonía. Desde la visión resplandeciente del Cristo glorioso del Tabor, la cruz descuella en el Gólgota como signo de Victoria sobre el mal, sobre el pecado, sobre la muerte: el anuncio, entonces confirmado, de la última palabra de Dios sobre el destino humano. “No temáis: Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Su lecho fue el altar donde el buen José María consumó el ofrecimiento de su vida a Dios en holocausto. Y quiso Él recibirla entonces, joven todavía. Con mucho todavía por hacer. Con el cuerpo gastado por su entrega, exprimido como un fruto maduro. Aquel cuerpo desgarbado suyo, enjuto, alto como una torre, parecía haberse consumido en ansias por deshabitarlo él, dándoselo a Otro como cosa suya: “Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, que apacienta su rebaño entre los lirios…” (Cantares 2, 16)

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