El siervo de Dios

Archive for the ‘Espíritu de trabajo’ Category

En la escuela de S. Marcelino

In Biografía, Cheste, Devoción Mariana, Espíritu de trabajo, Familia, Infancia, Valencia on 04/30/2017 at 19:43

Pocos días antes de la Navidad de 1916, el 22 de diciembre —viernes— llegaban los Haro a Valencia desde Cheste. Aquella era la segunda vez que se instalaban temporalmente en la capital. La primera había sido entre 1904 y 1908, casi nada más nacer José María, aprovechando la ocasión que se le abría a Francisco, el cabeza de familia, de mejorar su situación económica regentando un sencillo despacho de vinos en la Plaza de Mosén Sorell. Pero no había solo una motivación económica para el traslado; serviría también para poner un poco de tierra de por medio después de que la alegría por el nacimiento del pequeño José María se viera enturbiada a los dos meses por la muerte prematura, con apenas dos años de edad, del primogénito del matrimonio, Paco. Más tarde nacería Enrique, ya en Valencia; pero por entonces la familia se reducía a tres, como en un nuevo comienzo.

En aquella primera ocasión, la familia residió en un pequeño piso de la calle Guillén de Castro, frente a la esquina con Maldonado, entre las Torres de Quart y el antiguo Hospital General, hoy desaparecido. No sabemos si fue esa también su casa en esta segunda época, entre 1917 y 1919. Pero sería muy probablemente por la misma zona, a unos quince minutos a pie de la antigua Plaza Mirasol, donde se hallaba su nuevo Colegio, y muy cerca también de la calle de la Corona y Mosen Sorell, donde estaba el negocio familiar, que retomaba Francisco de manos de su cuñado, a quien lo había cedido a su regreso a Cheste en 1908.

Torres de Quart 1915

Desde luego no eran aquellas las mejores fechas para que José María reiniciara sus estudios. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina. Había pasado además tanto tiempo desde el inicio del curso —todo un trimestre—, que el chico tendría que acreditar sus conocimientos mediante la realización de un examen previo, aunque esto, como era de esperar, no le iba a suponer problema alguno. Así que allá fue el nuevo alumno, el lunes 15 de enero, a aquella vieja sede de los HH. Maristas, «con una blusa limpia y unas alpargatas», atuendo habitual entre los escolares de Cheste que el nuevo Colegio sin embargo no aceptó: tendría que volver a casa, comprarse una chaqueta, botas nuevas y regresar… Así podría estrenar también, con un poco de mejor suerte, aquella nueva etapa.

No fue largo el tiempo de estudiante de José María Haro en el Colegio del Sagrado Corazón. Solo año y medio más tarde le vemos incorporarse en Burjassot al joven Colegio Mayor del entonces beato Juan de Ribera para dar inicio a sus estudios de Magisterio y, después, Derecho. Entre uno y otro, pues, muy poco tiempo: ni dos cursos completos. Sin embargo, constituye éste un capítulo de enorme importancia en su biografía, que habría de dejar profunda huella en su personalidad y actividades futuras. Por tres motivos, fundamentalmente. Primero, porque fue por formar parte de este Colegio y merecer el apoyo entusiasta de sus responsables y maestros que pudo iniciar sus estudios superiores como becario de aquel Colegio Mayor, en el que residiría nada menos que diez años y al que permanecería vinculado de por vida. Segundo, por la tupida red de relaciones que en tan poco tiempo tejió con profesores y compañeros, que en muchos casos se prolongaron hasta su muerte. Y en tercer lugar, por el profundo apego al carisma espiritual e ideal pedagógico que dejó en su alma aquella convivencia, aunque no fuese muy dilatada, con la comunidad de San Marcelino Champagnat (1789-1840).

Su implicación en la marcha del Colegio fue después completa y constante. Presidente de su Asociación de Antiguos Alumnos desde los cuarenta hasta 1957, fundó también, presidió y redactó los estatutos de su Asociación de Padres, que lideró nada más cesar en aquella con auténtico entusiasmo[1]. Inmensa fue además Escudo Congregación Maristasu alegría por la beatificación en Roma del P. Champagnat, el 29 de mayo de 1955, en la que participó con la misma emoción –y no era poca– con que volvería a Roma poco después como uno de los grandes protagonistas en la canonización de quien, junto a S. Marcelino en su dimensión mariana[2], sería su otro gran maestro espiritual, en este caso eucarístico: el santo patriarca Juan de Ribera (12 de junio de 1960). Eran los dos pulmones con que respiraba Haro, uno marista y el otro patriarcal: mariano el primero, tierno y celoso de obras, y eucarístico el segundo, de recia oración y disciplina[3]. Lee el resto de esta entrada »

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Homenaje en Cheste (23.10.1966)

In Calles y Edificios, Cheste, Espíritu de trabajo, Fallecimiento, Homenajes, Magistrado, Testimonios on 04/07/2013 at 18:12

Había transcurrido un año largo desde el fallecimiento de D. José María. Cheste, su localidad natal, quiso sumarse al recuerdo unánime de su persona desde el agradecimiento por tanto como había supuesto para la mejora social su labor al frente de los organismos civiles y eclesiásticos de los que participó. El acto en su memoria se celebró el día 23 de octubre de 1966, en el marco de las fiestas patronales de San Lucas (18 de octubre). Lee el resto de esta entrada »

“¿A quién iremos? ¡Ah! Pues a José María…”

In Apóstol, Espíritu de trabajo, Magistrado, Testimonios on 02/16/2013 at 18:15

El teléfono frecuentemente no dejaba de sonar. Y menos aún la puerta… A todas horas: daba igual. Y aunque a las 7:30 de la mañana tenía la costumbre José María de asistir a Misa, allá iban, a su casa, desde las siete incluso, gentes de lo más diversa queriendo recibir su ayuda, su consejo, su intercesión para resolver cualquier problema… No hallándole muchas veces, le tocaba a María Luisa, su esposa, abrir la puerta y atenderles. “Es que José María no está… Se encuentra en Misa…“. No importaba: “Si pudiéramos esperarle un rato“. “Es un asunto importante“. “Es un problema delicado“… Y así aguardaban su regreso, no sin antes relatar primero a la buena de Mª Luisa “el caso”. Total, que José María ni desayunar luego podía, al entrar en casa. Él no lo decía, claro. Pero Mª Luisa Lee el resto de esta entrada »

De Cheste a Valencia (1917)

In Biografía, Cheste, Espíritu de trabajo, Infancia, Testimonios on 03/14/2012 at 14:04

En Cheste, su localidad natal, José Mª Haro realizó sus primeros estudios como alumno de la “Escuela Moderna” de Don Amadeo Reinés Corrons, inspirada en la pedagogía libertaria y anticlerical de Francisco Ferrer [y] Guardia (1859-1909). Con todo, José Mª mantuvo siempre un recuerdo entrañable y profundamente agradecido de la labor de aquel maestro, al que incluso acompañó en sus últimas horas de vida y del que llegó a decir que fue su muerte la de un verdadero santo. Igual cariño, con auténtico desvelo paternal, le tributó el maestro, moviéndole a hacer lo imposible por que su joven alumno, que demostraba unas dotes intelectuales que en Cheste no podría desarrollar completamente, ingresara en Valencia en algún centro que le abriera posibilidades luego de formación mayores. Así se lo pidió D. Amadeo en repetidas ocasiones a sus padres, quienes sin embargo no podían asumir, dadas sus necesidades económicas, los costes que semejante iniciativa evidentemente ocasionaba. Lee el resto de esta entrada »

Abnegación y espíritu de trabajo (2)

In Biografía, Espíritu de trabajo, Infancia, Testimonios on 02/23/2012 at 19:09

Recordaba su hermano Enrique en una nota anterior, el duro ritmo de estudiante al que debía enfrentarse José Mª Haro en su primera juventud por las peculiares circunstancias económicas de su familia. Sobre ello vuelve a hablar uno de los HH. Maristas con los que coincidió en Valencia, a cuyo colegio fue por el buen deseo de sus padres de que no se malograra su natural talento intelectual. El testimonio data del 14 de abril de 1967. El hermano Marista lo escribe en Roma: Lee el resto de esta entrada »

Nuevas perlas sobre su trabajo en la Magistratura

In Biografía, Espíritu de trabajo, Magistrado, Testimonios, Vida de fe on 02/21/2012 at 18:37

Recuerdo de D. Francisco Estiguin Noguera, de cuando fue Secretario del Juzgado Comarcal de Viver, primer destino en la carrera judicial de José María Haro (testimonio del 9 de enero de 1967):

En ocasiones, antes de dictar una resolución quería saber mi criterio, y hasta que no lo tenía bien estudiado no dictaba dicha resolución y alguna vez me decía: “así es, pero en conciencia no debía de hacerse”. ¡En cuántas ocasiones no dictaba auto de procesamiento contra una persona hasta que se lo pedía por Fiscalía! Nunca quería perjudicar a nadie, al contrario: hacer bien siempre; pero claro, esto no podía ser, tenía que hacer justicia.

Recuerdo de D. Octavio Precioso, de Altos Hornos de Vizcaya con sede en Sagunto (testimonio del 19 de julio de 1967)

Siempre, durante la fase previa conciliatoria de los juicios en los casos en que ésta procedía, desvivíase para buscar la unión de las partes y para que éstas resultasen lo mejor paradas posible, ingeniando soluciones muy propicias y oportunas que los contendientes casi siempre habían de aceptar, puesto que en un 90% de los casos cubrían en esencia sus pretensiones. Tal era su segura visión, bondad y habilidad en grado superlativo para poder conseguir esto tan difícil que es en realidad de aunar los intereses contrapuestos y terminar estos actos de modo tan equitativo, en los que al final respirábase ya un ambiente de alegría del que tan lejos se estaba de poder pensar antes de comenzarse aquella reunión o comparecencia en Juicio.

… Cosa que sabía bien D. Octavio Precioso, pues fue testigo directo del afán riguroso en lo profesional pero calurosamente humano de José Mª Haro. Así lo recordaba también David Estiguin (12 de enero de 1967):

Otro hecho debo consignar en la obra de Haro Salvador, al frente de su Magistratura de Trabajo, y con ello se deja más patente la humildad y caridad del mismo hacia el necesitado. Se presentó una demanda laboral ante su Magistratura por un gran número de obreros de los Altos Hornos del Puerto de Sagunto (no recuerdo si fueron 45 ó 50); al objeto de ocasionar los menos perjuicios a los mismos, que debían de comparecer en la Magistratura en Valencia el día señalado para la celebración del correspondiente Juicio, en vez de trasladarse dichos obreros a Valencia, les citó a todos en Sagunto, trasladándose don José María Haro a esta ciudad y en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de la misma, celebró dicho juicio y que a tal efecto le fue cedido para dicho acto.

Magistrado justo (2)

In Espíritu de trabajo, Magistrado, Testimonios on 02/21/2012 at 18:18

Recuerdo de D. David Estiguin Noguera, Secretario del Juzgado Municipal de Cieza (12.I.1967).

Se trata de un testimonio extenso y de redacción algo problemática, pero que retrata a la perfección la personalidad de quien durante años fuera Magistrado del Trabajo en la Provincia de Valencia y Juez Decano de la misma Magistratura. Vale la pena leerlo con calma:

“La rectitud con que procuraba dictar las resoluciones en los procedimientos de su competencia, esto es, en su desempeño de Magistrado del Trabajo encontrándome desempeñando mis servicios en el Juzgado Municipal de Sagunto (Valencia) un día, don José María Haro Salvador, me llamó por teléfono desde Valencia para ver si podía venir a Sagunto para hablar conmigo, contestándole que me trasladaría yo, contestándome que sería él el que lo haría y en el autobús “La Saguntina”. A las cuatro de la tarde fue a Sagunto, le estaba esperando y me dijo entonces “si tenía algún amigo que fuese exportador de naranjas”, contestándole que sí, varios, preguntándome si les podríamos visitar contestándole afirmativamente: Nos presentamos en el almacén del exportador de naranjas don Enrique Peris Monreal. Como don José Mª Haro me indicó que el objeto de su visita era presenciar la construcción de cajas de naranjas “tipo americana” por obreros especializados en dicha faena, se lo indiqué al exportador Sr. Peris, que muy gustoso aceptó la invitación pasando seguidamente al departamento de la construcción de cajas en donde los obreros especializados, en presencia de don José, procedieron a la construcción de dos cajas por operario. Seguidamente, después de darle las gracias al Sr. Peris, salimos del almacén y me preguntó don José Mª Haro si podríamos visitar algún otro almacén y contestándole que sí, trasladándonos al almacén del también exportador don Alfredo Masiá distante del anterior unos 800 metros; hablamos con dicho Sr. Masiá, y al igual que en el anterior, por otros dos obreros especializados en dicha materia, construyeron en presencia de Haro, otras dos cajas cada uno.

Una vez  terminadas de construir las cajas, don José María Haro les preguntó a dichos obreros cómo es, que cogiendo un puñado de puntas del cajón en donde se encontraban con una mano, y sin contarlas, cogían las precisas para la terminación de la caja; contestándole los obreros que ello era producto de la constante dedicación a la confección de cajas y por el volumen de puntas que cogían sabían si eran las justas o si les faltaba una o les sobraban. Seguidamente les preguntó por haber observado que llevaban la mano izquierda con un buen volumen de puntas, que era muy peligroso el llevar tantas ya que por la rapidez con que las introducían en la madera y la fuerza que imprimían con el martillo, ya que  lo  realizaban de un solo golpe, contestándole que efectivamente, si no acertaban tenían el peligro de destrozarse la mano ya que se introducirían en la misma todas las puntas que llevaban en ella.

Al salir don José María Haro y un servidor del segundo almacén, me dijo: ¡Ya descansa mi conciencia! ¡Ahora sí que podré dictar la resolución justa y con conocimiento de causa!. Seguimos hablando y me contó que tenía una reclamación en la Magistratura de un obrero especialista en construir cajas de naranjas de la parte de la Ribera, y que como consecuencias de un golpe con el martillo había perdido media mano, adquiriendo una inutilidad parcial, y como desconocía el proceso de la construcción de cajas y las consecuencias que podía traer el accidente en dicho trabajo quiso presenciar la construcción de las mismas, sacando la conclusión de que, efectivamente, podría producirse el estado en que se encontraba el obrero accidentado. Me manifestó que el querer venir a Sagunto fue debido a que el obrero era de la zona opuesta a Valencia y que no se enterasen de su gestión”

Magistrado justo

In Espíritu de trabajo, Magistrado, Testimonios on 02/20/2012 at 18:31

Tres testimonios históricos sobre el espíritu hondamente cristiano y profundamente humano con que vivió José María Haro su trabajo ordinario como juez en Valencia de lo social

1. Recuerdo de D. Pedro Ruíz Tomás, Notario, Delegado de Trabajo y Abogado en Madrid, Valencia, Alicante y Castellón:

Se amontonaron sobre mi mesa más de seis mil expedientes de depuración de obreros despedidos por sus empresarios en razón a sus actividades durante el periodo rojo. Decliné en Pepe [J. Mª Haro] la misión de estudiarlos y proponerme la decisión final. Me ajusté siempre a sus propuestas, aunque a veces no estaba conforme con ellas. Era criterio de Pepe que el problema de tales despidos afectaba directamente a la paz social, por la que se debía atender a la particularidad de cada caso, salvo cuando el obrero había tomado por sí o inspirado graves represalias contra su empresario o su familia próxima, por lo que se llegó al despido de alrededor de un 10% esto es, de unos seiscientos obreros.

2. Recuerdo de D. Ernesto Tarín Sierra (Valencia, 23 de enero de 1967):

Estando yo con él en su despacho le visitó una señora que iba a ser juzgada por cosas de tipo laboral. Traía una carta de presentación de un sacerdote de categoría. Después que Haro la hubo leído, la señora le dijo si le daba alguna esperanza. El contestó que si, que le daba una que indudablemente, siendo persona cristiana, le agradaría. Le anticipó que le haría justicia y que si tenía razón ganaría el juicio y si no… que lo perdería.

3. Recuerdo de D. Rosendo Albert (Moncada, Valencia, enero de 1967):

Teniendo interés un amigo mío en que le presentara a don José Mª Haro, con objeto de hablarle sobre algo que tenía relacionado en Magistratura del Trabajo,  y aún a pesar de que yo sabía que el Presidente Diocesano del Consejo de Hombres de A[cción].C[atólica]. estaba totalmente apartado de sus funciones de Magistrado y viceversa, ante la insistencia del amigo acepté presentarle a él en los locales del Consejo; expuesto el caso y con toda la finura y gentileza que le caracterizaba, le contestó: “He tenido una satisfacción en conocerle y como ya le habrá dicho Rosendo que el Presidente de los HH. de A.C. [Hombres de Acción Católica] no interviene en pleitos de tipo laboral, yo le aconsejo que visite mañana al Magistrado de Trabajo en Magistratura y le aseguro que allí se resolverá la cuestión siempre en justicia y caso de que ambos casos parezcan similares en orden a la razón, entonces se fallará a favor siempre del económicamente débil”.

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